
* Sobre todo a quienes después de mucho esfuerzo, tiempo, sudor y sangre, han sido beneficiados con tierras para trabajar
Facundo Bartolo Salazar
La figura de Zapata sigue moviendo a los campesinos, sobre todo a quienes después de mucho esfuerzo, tiempo, sudor y sangre, han sido beneficiados con tierras para trabajar, y así aspirar a un mejor futuro, con las bondades de esta región, en la que el cultivo predominante son los cítricos en sus diferentes variedades, expresó Justiniano Wall Aguilar, integrante de materialistas afiliados a la Confederación Nacional Campesina.
Expresó que “hoy 10 de abril, representantes del campesinado de la región se dieron cita en La Palmilla, Tlapacoyan, para conmemorar el 94 aniversario del Ejido Tlapacoyan, y el 104 aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, tomando esa figura y los cinco mártires de ese lugar como un ejemplo de lucha y sacrificio que no se debe olvidar”.
Consideró que el recordar esos hechos históricos deben servir a las nuevas generaciones para conservar los logros obtenidos y acceder siempre a nuevos retos en el sector campesino. Añadió que si los ejidatarios fueron beneficiados con tierras, fue gracias a la sangre derramada en tiempos revolucionarios con Emiliano Zapata, cuyo aniversario luctuoso se conmemora el 10 de abril de cada año en la comunidad de La Palmilla, municipio de Tlapacoyan.
Wall Aguilar destacó que ya en tiempos más recientes, en 1975, cinco mártires cayeron a causa de las balas asesinas de terratenientes a los que afectaba la lucha de tierras que se llevaba a cabo en el lugar. Dijo que de esa etapa del Ejido Tlapacoyan solo queda un sobreviviente, ya de avanzada edad, quien puede dar fiel testimonio de lo ocurrido en esos trágicos acontecimientos.
Opinó que, en ese sentido, es justo conmemorar fechas tristes, pero al mismo tiempo gloriosas, en las que los campesinos han sido capaces de entregar hasta sus vidas, con tal de lograr un mejor porvenir para sus familias y en general las nuevas generaciones a las cuales es indispensable inculcarle amor al campo, pues da de comer a propios y extraños, dada la nobleza que conservan las tierras de la región.