29 de Agosto de 2025
 

Abuelos hispanos, padres otra vez

 

 

  • Con papá, mamá o ambos deportados, los adultos mayores han quedado a cargo de los nietos

 

EL UNIVERSAL

Miami.- En Estados Unidos, los abuelos hispanos se han convertido en un muro invisible que sostiene a millones de familias. Las cifras más recientes, publicadas por la ONG AARP en junio de 2025, muestran que cerca de 2 millones 800 mil niños en la Unión Americana son criados por sus abuelos y que más de 2 millones de adultos mayores asumen directamente ese rol. Dentro de ese universo, los hispanos, y sobre todo los mexicanos, representan un porcentaje creciente, debido tanto a la estructura cultural de sus hogares como a los embates de la migración y otros factores derivados de la actual situación en materia de redadas y detenciones.

En este 2025, la Fundación Annie E. Casey confirmó que 46% de los abuelos hispanos que viven con sus nietos son responsables directos de su manutención, una cifra que creció cinco puntos porcentuales desde 2022. La tendencia se aceleró en estados con alta población mexicana como California, Texas y Arizona, donde las deportaciones, el costo del cuidado infantil y la falta de servicios públicos empujan a los abuelos a asumir una segunda maternidad o paternidad.

María de los Ángeles, abuela mexicana en Houston, cuenta a EL UNIVERSAL: “Yo tenía pensado descansar, cuidar mis plantas, pero cuando a mi hija la detuvieron en una redada migratoria, me entregaron a los niños. No podía decir que no. Ahora soy mamá otra vez, aunque ya me cuesta andar detrás de ellos, pero el amor te da fuerzas”.

La migración aparece una y otra vez como un factor determinante. La llamada maternidad transnacional es un fenómeno documentado desde hace dos décadas; miles de madres mexicanas migran a Estados Unidos para trabajar en restaurantes, fábricas o como empleadas domésticas y dejan a sus hijos en sus países de origen al cuidado de los abuelos. Años después, cuando la reunificación es posible, los niños llegan ya formados por esos abuelos, lo que refuerza un vínculo de crianza que va más allá del afecto. “Mis nietos me dicen mamá, porque fui yo quien los crio desde bebés allá en Michoacán”, cuenta Julia a este diario, abuela que ahora vive en Illinois junto a su hija y sus nietos.

Las deportaciones agravan aún más el fenómeno. Generations United, en su informe semestral de este año, advirtió que decenas de miles de niños se encuentran actualmente bajo custodia de abuelos hispanos tras la expulsión de uno o ambos progenitores. Rosa, mexicana en Arizona, contó a este diario que “cuando deportaron a mi hija, yo me quedé con los niños; no tuve tiempo de pensarlo. Los recogí de la escuela y desde ese día soy su tutora. Nadie del gobierno me da ayuda, todo lo hago sola”.

El peso cultural de lo que llaman familia ‘muégano’, que es un valor central en las familias latinas, también explica la fuerza de esta dinámica. La ONG dedicada a las personas de la tercera edad en Estados Unidos, AARP, destaca que el 28% de los abuelos hispanos vive en hogares multigeneracionales, frente al 16% de los anglosajones. Esa convivencia responde tanto a tradiciones culturales como a la necesidad económica. “En esas casas compartidas, el abuelo es más que una figura simbólica; es el que lleva a los nietos al médico, los recoge en la escuela y se convierte en el garante de estabilidad” explica a EL UNIVERSAL uno de los voluntarios de AARP.

La precariedad económica aparece en casi todos los testimonios. Según el Instituto Brookings, en 2025 14% de los niños bajo el cuidado de abuelos viven en pobreza extrema, frente al 8% en hogares con padres. Este desequilibrio refleja el sacrificio financiero que enfrentan quienes crían con pensiones mínimas o empleos mal remunerados a edades avanzadas. “Trabajo de conserje por las noches a mis 70 años porque mis nietos necesitan zapatos y cuadernos”, confiesa Luis, abuelo salvadoreño en Florida.

“Mis nietos saben que conmigo siempre habrá comida, aunque sea frijoles y arroz”, asegura Don Ernesto, abuelo mexicano en Los Ángeles.

Los sistemas de apoyo estatal, aunque existen, no alcanzan. Programas estadounidenses como Temporary Assistance for Needy Families (TANF) o Supplemental Nutrition Assistance Program (SNAP) pueden ayudar, pero requieren que el abuelo tenga la custodia legal de los nietos. Muchos abuelos hispanos no buscan esa formalización por temor a las autoridades migratorias o por falta de información. “Me dijeron que si pedía custodia legal, podían investigar a mi hija que está sin papeles; mejor me quedé callada y hago lo que puedo”, relata a este diario Teresa, una abuela mexicana en El Paso, Texas.

Quienes logran entrar al sistema formal en la Unión Americana de ‘foster care’ reciben estipendios y cobertura médica para los niños, pero el acceso es limitado. Generations United ha denunciado que miles de abuelos hispanos crían “fuera del sistema formal de acogida”, lo que los excluye de beneficios básicos. El resultado es una doble injusticia: abuelos que hacen el mismo trabajo que un hogar de acogida certificado, pero sin recibir apoyo económico.

El impacto emocional es otro aspecto que rara vez se discute. En una encuesta nacional realizada por AARP en 2025, 62% de los abuelos hispanos cuidadores dijeron sufrir altos niveles de estrés y 47% reportaron un deterioro significativo de su salud física. A pesar de ello, la mayoría señaló que continuarían cuidando a sus nietos sin dudarlo. “El cansancio es diario, pero no hay mayor alegría que escuchar a mis nietos llamarme abuelita”, comparte Carmen, abuela mexicana en Chicago.

A eso se suman los problemas de salud. Generations United estima que 70% de los abuelos hispanos cuidadores reportan enfermedades crónicas sin tratar, porque priorizan gastar en sus nietos antes que en sus propias medicinas. “Me salto mis pastillas de diabetes para que los niños no se queden sin leche”, confiesa una abuela en San Antonio.

En las comunidades hispanas, los abuelos son también guardianes culturales. Son ellos quienes transmiten el español, las historias de origen y las tradiciones religiosas o culinarias. AARP lo llama “el doble legado”: crianza material y herencia cultural. José, un abuelo en El Paso, dice con orgullo “mis nietos nacieron aquí, pero yo les enseño a rezar en español y a comer lo que yo comía de niño en Zacatecas. Esa es mi herencia para ellos”.

Generations United recoge casos donde los niños son entregados en escuelas o incluso en estacionamientos a los abuelos tras el arresto de los padres. “Me llamaron de la escuela para que recogiera a mis nietos porque a su mamá se la llevó ICE [el Servicio de Inmigración y Aduanas]. Desde ese día vivo con miedo, pero ellos son mi razón de seguir”, confiesa Antonia, abuela mexicana en Phoenix.

El miedo a las instituciones es una constante. AARP subraya que “muchos abuelos hispanos no reclaman beneficios por temor a que los servicios sociales investiguen su estatus o el de sus hijos”. Esa desconfianza los coloca en un limbo donde la única red real de apoyo son las organizaciones comunitarias.

En ciudades como Los Ángeles, Houston y Chicago, han surgido redes locales para apoyar a estos abuelos con asesoría legal gratuita, donaciones de alimentos o acceso a becas escolares. Para muchos, estas organizaciones son la única tabla de salvación. “Gracias a ellos mis nietos tienen seguro médico. Yo sola no habría podido”, relata Don Manuel, abuelo mexicano en California. A esas redes se les conoce como “grandfamilies”.

Las demandas hacia el gobierno federal se acumulan. AARP ha insistido en la necesidad de “crear un crédito tributario para cuidadores familiares, expandir la elegibilidad de Medicaid (seguro de salud gubernamental) para incluir a los abuelos cuidadores y otorgar apoyo directo a las familias multigeneracionales”. Myechia Minter-Jordan, presidenta de AARP, advirtió recientemente que “si no cuidamos a los cuidadores de estos menores, pagaremos las consecuencias en salud pública y en cohesión social”.

El Congreso ha discutido, sin éxito, proyectos de ley para formalizar un “Grandfamily Assistance Act”, que otorgaría ayudas directas a abuelos cuidadores sin necesidad de pasar por el sistema de ‘foster care’. Las trabas políticas han dejado estas iniciativas estancadas, mientras los abuelos siguen cargando con la responsabilidad sin respaldo suficiente.

Los testimonios de abuelos hispanos en Estados Unidos ilustran la urgencia de esas políticas. “No pedimos lujos, pedimos dignidad”, dice Marco, abuelo en Dallas. “Mis nietos merecen crecer seguros y yo necesito un poco de ayuda para darles eso”. Su reclamo es compartido por miles de adultos mayores que sostienen hogares con pensiones mínimas o empleos precarios.


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