- Un pescador brasileño, una bióloga mexicana y una representante del gobierno en Trinidad y Tobago lidian con esta alga, cuyo incremento se atribuye a factores ambientales y actividad humana.
ALICE MARTINS MORAIS, IVÁN CARRILLO, KALALIN HOSEINY RICARDO GARCÍA/EL UNIVERSAL
CIUDAD DE MÉXICO.- Francisco Neto es un pescador brasileño, Rosa Rodríguez es una científica mexicana y Renelle Kissoon es una representante del gobierno local en Trinidad y Tobago. Nunca se han conocido. Sus países tienen culturas distintas y hablan idiomas diferentes; sin embargo, están unidos por un problema común: un enorme cinturón de sargazo, un tipo de alga gigante que cubre periódicamente vastas áreas del Atlántico central, afectando a múltiples países desde el golfo de México hasta la costa de África.
El sargazo es tan denso que, en 2024, provocó el naufragio del barco de Francisco. Es tan abundante que Renelle Kissoon aún no sabe cómo ni dónde desecharlo de forma segura, y es tan desafiante que ha definido el rumbo profesional de Rosa. Se trata de un género de macroalgas marrones flotantes que debe su nombre al mar de los Sargazos, en el Atlántico norte, donde forma extensas alfombras de manera natural. No obstante, el sargazo que afecta a Brasil, México y Trinidad y Tobago, entre otros países, proviene del gran cinturón de sargazo del Atlántico, una región que ha experimentado un crecimiento exponencial desde 2011, según un estudio publicado en 2019 en Science.
El cambio climático ha elevado la temperatura de los océanos, creando condiciones propicias para su proliferación, además, las alteraciones en los patrones de circulación oceánica, también por el cambio climático, han redistribuido las corrientes que transportan el sargazo desde sus zonas de origen hasta las costas del Caribe.
BRASIL: CÓMO EL SARGAZO HUNDIÓ EL BARCO DE FRANCISCO EN LA COSTA AMAZÓNICA
Esta planta se dispersa por todo el océano Atlántico. Hace casi un año que el mato (sargazo) volcó el barco de Francisco en la costa de Amapá, en las aguas del Parque Cabo Orange. La rutina de Francisco, de 25 años, consiste en pasar hasta 20 días en el mar. Su embarcación, pequeña y de madera, llevaba 12 días en faena cuando, al final de la tarde, alrededor de las 17:00, él y sus cuatro compañeros fueron sorprendidos por una densa marea de sargazo.
Mientras izaban la red de enmalle sintieron un peso inusual que parecía no tener fin. Mientras el mar agitaba la embarcación, inexpertos ante una situación así, pensaron que podrían recuperar la red. Continuaron tirando hasta que el alga cubrió toda la superficie del barco. "Había como seis toneladas de mato en la red", estima Francisco.
El barco podía cargar hasta seis toneladas de pescado con hielo, siempre que estuvieran bien distribuidas en la bodega. El sargazo se acumuló en la cubierta superior, provocando un desequilibrio fatal. Hacia las 19:00, decidieron regresar a tierra firme, pero al acelerar un poco, el peso del sargazo hizo que el barco volcara. "No tuvimos ni tiempo de pedir ayuda por radio", relata.
El grupo quedó a la deriva, aferrado al casco invertido de la embarcación, siguiendo el vaivén de la marea y esperando que alguien los encontrara. La noche cayó, el frío se intensificó y el miedo creció. Alrededor de las 5:00 de la mañana avistaron barcos en la distancia, dos de sus compañeros nadaron hacia ellos para pedir auxilio.
El accidente no dejó heridos; sin embargo, los pescadores perdieron toda la carga de 12 días de trabajo, además de la red, el radio, el GPS y otros equipos a bordo, incluidos sus teléfonos móviles. Francisco estima las pérdidas en unos 40 mil reales (unos 140 mil pesos mexicanos). No obstante, lo que más recuerda de ese momento es el inmenso susto.
El dueño del barco es su padre, Valmir Mendonça, de 53 años. Aunque tiene otra embarcación, aún no han recuperado los daños.
Las causas de la proliferación del sargazo en el Atlántico, entre el golfo de México y la costa de África Occidental, aún no están del todo claras, pero la propia Amazonía podría estar contribuyendo al problema, así lo sugiere un estudio publicado en 2022, cuando los científicos pasaron cerca de 11 meses recolectando muestras en la plataforma continental amazónica, una franja del océano que se extiende desde la costa hasta profundidades de aproximadamente 200 metros. La investigación permitió analizar los componentes presentes en el agua durante diferentes épocas del año.
Las conclusiones apuntan a una relación entre la expansión del sargazo y la concentración de nitrógeno en el agua, uno de los nutrientes clave para su crecimiento. Carolina Cidon Mascarenhas, doctoranda en la Universidad Federal de Pará y coautora de la investigación, explica que el aumento de este elemento podría deberse a la intensificación de actividades humanas cuyos efectos desembocan en los ríos. A este factor se suma el uso de fertilizantes, ricos en nitrógeno. Sin la barrera natural de la vegetación, las lluvias arrastran estos nutrientes hacia los ríos, que luego los transportan al océano. Otro factor es la falta de sistemas de alcantarillado adecuados.
EL PARAÍSO SITIADO: ROSA RODRÍGUEZ Y LA BATALLA CONTRA EL SARGAZO
Cuando en 2014 el sargazo se reveló como un problema para el Caribe mexicano, se organizaron una serie de reuniones en el hotel Paraíso de la bonita, Puerto Morelos, propiedad del arquitecto Carlos Gosselin, líder de los hoteleros de la Riviera Maya. Acudieron los sectores interesados en resolver la crisis, principalmente los prestadores de servicios. También estaba presente Rosa Rodríguez, bióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Rodríguez rememora que el anfitrión ofreció una bandeja de panecillos. Después de que todos los probaran, Gosselin les preguntó si les habían gustado para revelarles que estaban hechos a base de sargazo. Rosa, algo avergonzada, le explicó al anfitrión que el sargazo contenía altos niveles de arsénico, un elemento tóxico para la salud humana.
La investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM reflexiona sobre el sargazo: "Desde el principio supe que esto iba a ser un problema". Sus investigaciones la llevaron a descubrir que el fenómeno ya ocurría en el Caribe occidental desde 2011. Escribió un boletín para redes y medios; recuerda cómo este documento la posicionó como una invitada infaltable en reuniones con hoteleros, el gobierno, pescadores y responsables de áreas protegidas.
Aquellas reuniones fructificaron en el Protocolo de Puerto Morelos. Llegó 2016, un año que interrumpió la tendencia de invasión masiva de sargazo.
En 2018 alcanzó "proporciones monumentales", dice Rodríguez. El gobierno estatal emitió la primera declaratoria de emergencia. Para el sector turístico, las invasiones que se sucedieron a partir de aquel año negro fueron devastadoras y marcaron una nueva era en su modelo de negocio.
Según un estudio realizado por Rosa Rodríguez y sus colegas, el costo de limpiar el sargazo de un kilómetro de playa al año puede ascender a un millón de dólares. Esto incluye la maquinaria, su mantenimiento y los salarios de los trabajadores, pero se trata de una inversión justificada. Según datos de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo, tan sólo en 2023 se recibieron más de 21 millones de turistas que dejaron una derrama económica de 20 mil 580 millones de dólares.
La llegada del sargazo también ha transformado la dinámica costera y evidencia un daño profundo, dice Rodríguez. A pesar de la magnitud del problema, Rosa y otros científicos coinciden en que es posible adaptarse y convertir el sargazo en una oportunidad: algunos han destacado su potencial como materia prima para producir ladrillos, fertilizantes y biocombustibles. Además, contiene compuestos bioactivos con propiedades antivirales y antibacterianas, que podrían tener aplicaciones farmacéuticas.
Pero la gran marea de macroalgas también funciona como una gran escoba marina, depositándolo en las costas caribeñas como diciéndole a la humanidad: "Ahí está toda su porquería", dice Rodríguez. Entre los contaminantes arrastrados a su paso destaca el arsénico.
TRINIDAD Y TOBAGO: LIMPIAR EL SARGAZO EN MAYARO NO ES FÁCIL Y RENELLE LO SABE
Renelle Kissoon representa a Cocal/Mafeking en la Corporación Regional de Mayaro/Rio Claro, cuyo distrito abarca la mitad de las playas de Mayaro, en Trinidad y Tobago.
Grand Lagoon, al igual que la aledaña y más grande ciudad de Mayaro, es básicamente un pueblo de pescadores en el sureste de Trinidad. Las mujeres son motivadas a estudiar. Renelle fue a estudiar a la Universidad de las Indias Occidentales. Tras ganar las elecciones de 2019 y 2023, lidera los esfuerzos en Mayaro para limpiar y desechar de manera segura el sargazo.
"Oficialmente, no somos responsables del mantenimiento, la limpieza o el cuidado de las playas, ya que eso corresponde al Ministerio de Turismo, Cultura y Artes. Extraoficialmente, lo hacemos porque, de lo contrario, no se haría", explica. Actuar fuera de su ámbito de competencia suele implicar limitaciones financieras.
Ahora aboga por un programa de mantenimiento de playas durante todo el año. Sin embargo: “Uno de los desafíos específicos que tenemos con el sargazo es que, aunque lo recojamos de la playa, no tenemos dónde almacenarlo o desecharlo”. Actualmente se apila en montículos a lo largo de varios puntos de la costa. Renelle explica que las algas son devueltas al mar cuando sube la marea y se dispersan nuevamente a lo largo del litoral.
En 2024, dos organizaciones, incluidas las Naciones Unidas, se pusieron en contacto con la corporación municipal para establecer asociaciones y explorar posibles soluciones, incluyendo financiamiento y el desarrollo de productos a partir de las algas marinas.
Renelle sostiene: "El problema del sargazo, en términos prácticos, es muy nuevo para nosotros, y ahora estamos sentando las bases para averiguar cómo avanzar".
Este reportaje se produjo como parte de la beca de periodismo 2024 de la Earth Journalism Network de Internews.