¿Qué es conducta? Esta pregunta ha sido el eje central de numerosos debates en la psicología. Desde una perspectiva conductista, la conducta es cualquier acción observable de un organismo en respuesta a un estímulo del ambiente. John B. Watson y B.F. Skinner, pilares del conductismo, argumentaron que el comportamiento humano no es más que el producto de patrones de refuerzo y castigo. A pesar de las críticas, esta corriente psicológica ofrece una explicación coherente y verificable del comportamiento, basada en principios científicos que continúan influyendo en áreas como la educación, la economía y la tecnología.
Uno de los conceptos más reveladores del conductismo es el condicionamiento operante. Según Skinner, la conducta se moldea a través de refuerzos positivos y negativos que determinan su probabilidad de repetición. Este principio se evidencia en la vida cotidiana de formas innegables.
Tomemos como ejemplo los juegos de azar, específicamente las máquinas tragamonedas. Cada giro proporciona un refuerzo intermitente: a veces se gana, otras veces se pierde. Sin embargo, la incertidumbre del premio y la posibilidad de obtenerlo refuerzan la conducta de jugar, atrapando al individuo en un ciclo de refuerzo variable. Este mismo principio se aplica al uso del teléfono móvil. Las notificaciones de mensajes y redes sociales funcionan como refuerzos intermitentes, generando una adicción comparable a la de los juegos de azar.
El trabajo cotidiano también se encuentra enmarcado dentro de este paradigma. Las personas asisten a su empleo no por un impulso espontáneo, sino porque existe un refuerzo: el salario. Además, los sistemas de bonificaciones, reconocimientos y penalizaciones están diseñados para modular el desempeño laboral, ajustando la conducta de los empleados a los objetivos de la organización.
Las estrategias publicitarias y de consumo también explotan estos mecanismos. Los colores brillantes, sonidos llamativos y ofertas limitadas que encontramos en supermercados o tiendas en línea son técnicas de refuerzo positivo para inducir compras impulsivas. De esta manera, el conductismo no sólo explica el comportamiento, sino que es instrumentalizado en diversas áreas para moldear nuestras decisiones sin que seamos conscientes de ello.
En conclusión, el conductismo ofrece una perspectiva pragmática y verificable de la conducta humana. Las acciones cotidianas, desde jugar en una tragamonedas hasta revisar el teléfono, no son elecciones libres en el sentido clásico, sino respuestas condicionadas a estímulos de refuerzo y castigo. El sentido común, lejos de ser una guía racional e independiente, es el producto del condicionamiento operante que rige nuestras vidas. Al comprender este principio, podemos tomar conciencia de los factores que moldean nuestra conducta y, quizá, redirigirlos a nuestro favor.