16 de Julio de 2025
 

Fracasado / Por Lic. Osbaldo Ramos Vázquez

 

 

En los últimos años, así como en los más recientes meses, he viajado a diferentes estados del país. En esos lugares he visto muchas expresiones artísticas como estéticas. El arte para mí es algo que tiene como objetivo consolar a unos pocos: esos pocos son los que se detienen a ver con detalle la arquitectura del parque, el palacio, las iglesias y las estatuas que están para decorar las principales calles. También me he impresionado mucho con la gastronomía y sus creencias como tradiciones de la gente. Es para mí un lujo el poder conocer todo esto gracias a mi empleo. De hecho, cuando tomo el transporte recuerdo mucho los libros que he leído. El que más me hizo ser observador por la ventanilla del autobús fue la obra de B. F. Skinner titulada “Disfrutar la vejez”. Esta obra recomienda que es importante observar por las ventanillas el paisaje, el cielo y si es posible, analizar cómo la ciudad transforma la conducta de las personas, pero me sería imposible ver todo ello si yo fuera el que va conduciendo. Distraerse produciría un grave accidente, por lo tanto, le agradezco al conductor por los tres viajes que me suelo dar: en el transporte, en los libros y a veces con la música que suelo llevar en mis dispositivos.

Si bien, cumplí treinta años en la ciudad de Bahías de Huatulco, Oax., y nunca voy a olvidar esa noche en la que derramé mis lágrimas. Eran tan calientes que pude sentirlas en mis mejillas. Lloré porque descubrí que era un fracasado y después lancé una carcajada porque al fin había sido como todos. Ninguno en este ancho mundo puede decir que no lo es. Pero yo no soy como los demás, porque he fracasado en la desgracia. He encontrado a mucha gente desgraciada y me apena mucho verlos llorar y lamentarse por sus actos. Decía una de las grandes plumas del racionalismo: “El que se arrepiente es doblemente miserable”. Cuando visito los centros de las ciudades, observo como muchos rostros van estresados, preocupados y en las prisas. Estoy tan seguro que al despertar lo primero que hacen es ver la hora y surge en ese momento la preocupación de no llegar tarde al trabajo. He fracasado en la infelicidad.

Muchos hombres de negocios que gozan de un capital tanto económico como cultural son tan infelices que, uno se sorprende que el hombre que va en bicicleta a su trabajo y genera mucho dinero para un empresario, al salir de regreso a su casa llega, le regala un beso y una caricia a su esposa y después juega con sus hijos, no se siente infeliz sino que goza de mucha energía. ¿Cómo es posible que un hombre millonario no logré conseguir esto si se supone que tiene la creencia de que el dinero no da la felicidad pero si lo acerca a ella?. He fracasado en la competencia. Competir es algo que ha moldeado la sociedad en la conducta de las personas. Compiten por ser el “mejor” ya sea en los negocios, en la política y en todo caso en los deportes. La competencia está vinculada con el triunfo y una persona que desea ganar a toda costa nos hace pensar que será un tramposo. Me irrita mucho escuchar a los abogados como a los políticos presumir sus ganancias tanto en aplausos como en humillar a sus oponentes. En términos claros, la competencia solo consiste en no dejar que su vecino le haga sombra. He fracasado en el aburrimiento y la excitación. Nunca puedo decir que estoy aburrido. Si estoy en la terminal de autobuses esperando salir la corrida, saco mi celular pero no para navegar por mis redes sociales. Cargo muchos libros digitales así como artículos y ensayos. Los libros son como un botiquín de medicinas que se deben tener para cualquier emergencia. Los libros y todas las líneas escritas que encuentro, y se me hacen atractivas, me han ayudado mucho a no presumir mi aburrimiento como lo hacen muchas personas en sus redes. Me excitan mucho los conceptos científicos, como históricos, filosóficos y sociales. No dejaré a un lado que la belleza y sensualidad de las mujeres producen un completo deseo en mi persona y desde luego una excitación, pero siempre es secundario, porque de todos los vicios que puede tener un hombre, yo comparto el que tiene la mayoría hacia las mujeres. Me opongo a todo aquel que busca una excitación en las drogas químicas así como en el alcohol. Esa excitación no es tan sana como en el deseo hacia las mujeres. Alguien podría decir que ambos deseos son instantáneos, pero al menos en el de las mujeres no es complicado si cuando uno se entrega lo hace con deseo y sentimiento.

En cambio, cuando alguien se entrega a las sustancias como el cristal, la cocaína y una gran embriaguez le apuesto a que tendrá severas complicaciones con su futura salud. La excitación sólo refleja lo precoz que ha sido consumirse la vida con cosas sumamente pasajeras. He fracasado en la fatiga. Intelectualmente hablando, me inspiran demasiada lástima aquellos profesionistas que tienen esa sensación de cansancio, con poca energía y un fuerte deseo de dormir que interfieren con sus actividades y responsabilidades hacia muchos jóvenes o adultos que dependen de ellos. He fracasado en la envidia. Nunca imaginé conocer a personas adultas que compartieran este profundo sentimiento y lo peor es que uno debe cuidarse de ellos. El envidioso sufre por lo que cree que no tiene y al no tenerlo desea hacer el mal. En las mujeres es muy notorio. Puedo observar, como muchas mujeres corren con la mirada a otras y estás hacen prejuicios y malos comentarios. Es necesario cuidar este sentimiento en los niños, nunca es bueno compararlos ni mucho menos ponerlos a competir. He fracasado como un pecador. El sentimiento del pecado es uno de los más profundos en la conducta humana y este impide que las personas sean felices. El pecador tiene algo que lo atormenta por las noches antes de irse a dormir: el remordimiento. Se lamenta mucho de sus actos y busca consuelo en una fe a ciegas. Todo lo que se le dijo desde niño que era malo, como decir groserías, fumar o beber alcohol, lo hace y después se siente miserable por sus actos y se culpa a sí mismo. Los cristianos son muy buenos con este tema, de hecho les genera mayor afligidos para ponerlos de ejemplos y así sus fieles no cometan estos pecados. Sostengo deliberadamente que Dios debe ser algo mejor que eso. También he fracasado en el miedo al qué dirán. Cuando salgo con mi uniforme del trabajo ya sea para buscar algo de comer o comprar, mis compañeros me suelen decir: “¿Así se va a ir vestido?”. Eso solo me deja en claro que ellos crecieron con la imagen que desea ser aprobada por los demás. Los pavorreales nunca compiten por saber quién tiene la mejor cola o el mejor plumaje, porque a ellos nunca se les enseñó a dar una buena imagen de aprobación. Las redes sociales, hoy en día, son un claro ejemplo de cómo la mayoría de la sociedad busca la aprobación en todo el sentido de la palabra. En las mujeres puede uno percatarse del gran filtro que le ponen a sus cámaras para dar una imagen falsa de sí mismas. ¿Se dan cuenta de cómo he fracasado?, ¿Alguien más ha fracasado en esto? Dudo mucho que no haya gente libre de toda infelicidad y es un trabajo complejo para los mismos psicólogos que quieren corregir esto porque ellos mismos nacieron en una cuna que compartimos todos que es la sociedad.



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